
A diferencia de la semilla de una planta que viene biológicamente programada para germinar, nuestra semilla divina interior solamente puede germinarse si así dispone nuestra voluntad. El cascarón duro que encierra al corazón debe ser abierto mediante el deseo sincero del individuo por la Liberación. Una vez que las defensas y demandas del ego por reconocimiento de los demás hayan sido comprendidas como la verdadera causa del sufrimiento, podemos caer en la desesperanza—pero es solo entonces que comienza la búsqueda por la libertad. En esta etapa, serios buscadores de paz interior pueden reconocer el valor de pasar tiempo en un ashram. Un ashram es un refugio del mundo egóico, una comunidad de individuos quienes han elegido una vida de paz y alegría quieta. Semejante lugar de soledad, comprensión y poder transformador puede brindar el sustento del amor y la sabiduría, la profunda comunión necesaria para apoyar y sostener el milagro de la transfiguración y el renacimiento.
Uno de los beneficios del sufrimiento y la desesperanza es que el alma puede conocer la humildad. La humildad es esencial para el rompimiento del cascarón del ego. Entonces la shakti, la energía divina del Amor puede llenar el corazón, permitiendo así que la semilla divina al fin florezca.
La verdadera humildad (la palabra humildad significa literalmente el poder de la Tierra) le da a uno el poder para disolver las ilusiones de omnipotencia del ego, sus fantasías privadas y sus negaciones de la Verdad de Ser. El proceso de mudar el ego es complementado por una vida bien estructurada que implica la observación de votos de conducta ética, higiene física y psíquica y la expansión de nuestro entorno de seres queridos. En el caso ideal, a esto se le aúna un compromiso a llevar un régimen de prácticas espirituales que incluya meditación, el estudio de enseñanzas de sabiduría auténtica y el profundo procesamiento de las resistencias del ego. Un ashram puede brindar todo lo necesario para completar el camino a la Liberación. Sigue leyendo













